La cenicienta al alcance de todos.
Aquiles Nazoa.
Una vez que los niños están sentados en el salón de reunión semanal se procede a repartir las copias de la obra, conversamos sobre “La Cenicienta” un cuento de hadas folclórico que cuenta con varias versiones, orales y escritas, antiguas y modernas, procedentes de varios lugares del mundo, y les señalamos que Aquiles Nazoa (Dramaturgo, Poeta, humorista y crítico) realizó una versión muy venezolana de la obra,. Se lee en voz alta y luego se conversa con los niños para que nos señalen cuáles fueron sus puntos de interés en la obra.
El dramático relato
de una pobre muchachita
que aprendió desde chiquita
dónde le aprieta el zapato.
ACTO PRIMERO
Al levantarse el telón
aparece una cocina
que por ser de gasolina
se inflama y hace explosión.
Llorando junto al fogón
estará la Cenicienta
que saluda y se presenta
con la siguiente canción.
La Cenicienta:
A mí me llaman
la Cenicienta;
soy la sirvienta
de esta pensión
y tengo amores
con un bombero
muy sirvientero
y harto atacón.
Entra una vieja
bastante harpía
que luciría
bastante bien,
si no tuviera
toda la cara
como tapara
con comején.
Y al ver a la cocinera
junto al budare sentada,
le acomoda una patada
que por poco la agujera.
La Vieja:
Lávame mi justansón
con cepillo y con hisopo
porque mañana hay joropo
casa del Rey del Cañón.
Llegan dos damas muy monas
que relinchan y reculan
para ver si disimulan
que son bastantes jamonosas.
Jamona Primera (a la Cenicienta) :
Y a mi me limpias
cuando termines
los brodequines
y el tirolé,
pues los Marqueses
de Raboalzado
me han invitado
para un minué.
Jamona Segunda:
Y hay que asear el inodoro,
llevarle la ropa al chino,
ponerle alpiste al cochino
y darle un purgante al loro.
Por la puerta lateral
que da sobre la azotea,
sale otra vieja más fea
que un pleito en un cardonal.
Y con espantosa voz
a las otras les avisa
que se cambien de camisa
porque en Palacio hay arroz.
La Vieja:
Y tenemos que asistir,
pues allá estará también
el Barón Lambesartén
y su cuñado el Visir.
Todas las Jamonas:
Ay, la emoción nos ahoga!
Vamos para allá ligero,
pues el príncipe es soltero
y a lo mejor se apersoga!
El Autor (llorando):
Cuando las viejas paran la cola,
la Cenicienta se queda sola,
por ser de toda la más pistola.
La Cenicienta:
Para gozar un millón
y beber champaña helada,
me dejan a mi pegada
rolo a rolo en el fogón!
Pero un buen corazón
hacia el bien siempre la arrastra,
y a rezar por su Madrastra
se arrodilla en el fogón.
La Cenicienta:
San Antero de mi vida,
oye mi llanto y mi queja
y haz algo a ver si esa vieja
deja la mala bebida!
Como mansa mapanare
se tiende sobre el budare
y tantas lágrimas vierte,
que con su llanto convierte
la cocina en un manare.
La Cenicienta:
Y tú, Santa Cochinchina,
apiádate de estas canas
y haz que mis pobres hermanas
renuncien a la morfina!
De repente, por un lado,
surge un Hada linda y bella
que ilumina a la doncella
con un topocho encantado.
El Hada:
Soy el Hada
Mezanine
y aquí vine
por avión,
a librarte
de la garra
que te amarra
del fogón.
¿Quieres plata
por montones?
¿Camisones
a granel?
¿Ganar cientos
de millones
con acciones
de la Shell?
La Cenicienta:
Quiero un vestido y un coche,
pues me consume el deseo
de asistir al picoteo
que tiene el Rey esta noche.
Coge el Hada
su topocho,
cuenta ocho,
da un traspié,
y del pote
del potaje
saca un traje
de soireé.
Después invoca a San Pablo,
y al momento por el foro
sale el coche de Isidoro
como alma que lleva el Diablo.
El Hada:
Móntate en este quitrín
que ha de cruzar el espacio
para llevarte a Palacio
donde te espera el festín.
Si nadie allí te conoce
les dices que yo te mando,
pero regresa a las doce:
mira que están reclutando.
ACTO SEGUNDO
El coche llega ligero
al palacio del Visir,
y el príncipe sale a abrir
creyendo que es el lechero.
Pero al ver a Cenicienta
tan linda y tan maquillada,
le conecta una mirada
que por poco la revienta.
El Príncipe:
Cuando a tus ojos me asomo
y tu aliento me perfuma,
el pecho me brinca como
cochino que ve totuma.
Por su parte la chicuela
siente que pierde el aplomo
y el cuerpo le tiembla como
gelatina en parihuela.
El Príncipe: (que está rascado):
¿De dónde sales
con esa facha
de cucaracha
con DDT
y esa orejas
verde perico
y ese jocico
de chimpancé?
¡Contesta bicha,
te estoy hablando!
Responde cuándo
viniste aquí.
¿Eres delirio
de fiebre aftosa,
o eres la esposa
de algún sigüí?
La Cenicienta:
No sigáis, por compasión,
que con lenguaje tan puro
como en pico de zamuro
me ponéis el corazón.
Mientras el joven
coge el caballo
y un lavagallo
va a echarse al bar,
una campana
toca la hora
por la emisora
Crono-ladrar.
Y la muchacha
sale en carrera
por su escalera
particular.
ACTO TERCERO
Vuelve el príncipe, y al ver
que se ha ido la visita,
se mete en una cuevita
llorando a más no poder.
Pero cuando allí se cuela
para estar solo y oculto,
el príncipe siente un bulto
y no va para la escuela.
Y dando un salto de atleta
descubre, ¡suerte bendita!
un zapato de vaqueta
que dejó la muchachita.
ACTO CUARTO
Al levantarse el telón
se descorre una cortina
y aparece la cocina,
que vuelve a hacer explosión.
Mientras por el suelo inmundo
la Cenicienta se arrastra,
las hijas de la Madrastra
dicen cosas de gran mundo.
Jamona Primera
Al Marqués de Cocorote
le dio fiebre en el bigote.
Y el Barón de Tapiramo
piensa mandarnos un ramo.
La Vieja:
La Marquesa me ha obsequiado,
con un callo autografiado.
Jamona Segunda:
Y el Duque de Las Tres Pepas
me metió las nueve arepas.
Jamona Tercera
Anoche en la Ceremonia
vi al Condés de Parapara,
y el Barón de Titiaronia
por poco se me declara.
Suena el Himno Americano
se abre en foro un baúl
y sale el príncipe azul
con un zapato en la mano.
El Príncipe:
Le daré mi corazón
a la doncella o madame
que logre meter el ñame
dentro de este zapatón.
Con los ojos abiertos
cual huevos fritos,
las solteronas saltan
pegando gritos;
entablan una lucha
con el zapato
y se dan por vencidas
al cabo rato,
pues la maldita pata
no se les mete,
ni que se la recorten
con un machete.
En vista de lo cual
el Príncipe se ausenta,
mas ve a la Cenicienta
durmiendo en un huacal.
Y mirándole los pies
le dice: - Dime, Fulgencia,
¿por alguna coincidencia
calzas tú cuarenta y tres?
La Cenicienta (bajando los ojos)
Sí, dotol…
Y aceptando con rubor
el zapato de vaqueta,
lo coge y se lo encasqueta
por la cabeza al autor.
El Autor:
¡Y así damos finiquito
a una gran obra maestra
que a las claras nos demuestra
lo que puede hacer un pie chiquito!
Objetivos:
- Dar a conocer el trabajo de Aquiles Nazoa, ya que a través de su obra se proyectan los valores de la cultura popular venezolana y su idiosincrasia.
- Que los niños puedan ver que detrás de una obra clásica como “La Cenicienta” se pueden extraer y reconocer muchos mensaje didáctico dado a través de la lectura de la obra.
Público al que va dirigido: general
Lugar y tiempo de las sesiones: Montaña Creativa. Miércoles y viernes de 1:30 a 2:15
pm.
Recursos necesarios: Material fotocopiado.